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Fernanda Geisse

Frida

Frida

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2023
Técnica: Ilustración digital
Impresión: Fine Art
Soporte: Papel Goldenjet Etching Rag 305 g | 100% algodón
Dimensiones: 40 × 30 cm | 20 × 15 cm
Edición: Limitada, firmada y numerada
Incluye: Certificado de autenticidad
Serie: Otra mirada — Relecturas de la historia del arte
Figura de referencia: Frida Kahlo (1907–1954)
Presentada en: ArtStgo 26, Santiago de Chile, 2026

* Si solicita enmarcado, la obra puede demorar hasta 4 días hábiles.

Esta obra comenzó como un retrato de Frida Kahlo y terminó convirtiéndose en otra cosa.

La empecé antes de atravesar una experiencia de pérdida que transformó inevitablemente mi manera de trabajarla. Mientras la ilustración avanzaba, comenzaron a aparecer elementos que ya no hablaban solamente de Frida, sino también de aquello que yo estaba intentando comprender. Sin planificarlo del todo, su figura se convirtió en un territorio donde pude depositar emociones para las que todavía no encontraba palabras. Quizás por eso elegí a Frida.

Hay artistas cuya obra parece inseparable de su biografía, y en ella esa relación resulta especialmente evidente. Su cuerpo, sus vínculos, su identidad y sus experiencias aparecen una y otra vez transformados en imágenes. No porque el dolor sea condición para crear, ni porque haya algo bello en sufrir, sino porque el arte puede ofrecernos un lenguaje cuando el lenguaje cotidiano resulta insuficiente.

En mi Frida, esa imposibilidad de decir aparece literalmente en el cuerpo.Un corazón se instala en la garganta. Está ahí, apretado, ocupando el lugar de la voz. Representa esa sensación física de tener algo que necesita salir y, al mismo tiempo, no poder nombrarlo todavía.

A su alrededor aparecen otros símbolos. Las abejas funcionan como mensajeras entre mundos; una planta fantástica conecta lo tangible con lo onírico; el gato negro permanece agazapado como esa sombra que nos acompaña y que, tarde o temprano, debemos aprender a reconocer como parte de nosotros mismos. El azul busca calmar mientras el rojo concentra la tensión. Nada está puesto únicamente para decorar la figura: cada elemento sostiene una parte del relato.

Pero esta obra tampoco intenta explicar el dolor. Me interesa precisamente aquello que no podemos ordenar tan fácilmente. Hay experiencias que no llegan acompañadas de una enseñanza, una respuesta o una conclusión. Primero ocurren. Después intentamos habitarlas. Y mucho más tarde, quizás, somos capaces de mirarlas desde otro lugar.

Crear puede formar parte de ese proceso. No necesariamente para sanar, olvidar o convertir lo vivido en algo positivo, sino simplemente para darle una forma. Sacarlo por un momento de nosotros mismos y ponerlo enfrente. Observarlo. Reconocer que existe. Por eso esta Frida terminó siendo también un autorretrato sin mi rostro. Utilicé una figura reconocible de la historia del arte para hablar de algo profundamente propio. Su rostro permaneció, pero los símbolos comenzaron a pertenecer a mi historia.

Y ahí aparece una de las ideas que atraviesa La Otra mirada: cuando reinterpretamos una imagen, nunca la observamos desde un lugar completamente neutro. Llegamos hasta ella cargados de nuestra historia, nuestras pérdidas, nuestros afectos y nuestra manera particular de comprender el mundo.

Tal vez por eso una misma obra puede significar cosas completamente distintas en diferentes momentos de nuestra vida. A veces miramos una imagen. Y otras veces, inesperadamente, encontramos dentro de ella una forma de mirarnos.
Frente a una historia del arte llena de mujeres observadas, Frida decidió también observarse a sí misma. Y convertir esa mirada en obra.

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