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Fernanda Geisse

Perla

Perla

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2024
Técnica: Ilustración digital
Impresión: Fine Art
Soporte: Papel Goldenjet Etching Rag 305 g | 100% algodón
Dimensiones: 40 × 30 cm | 20 × 15 cm
Edición: Limitada, firmada y numerada
Incluye: Certificado de autenticidad
Serie: La Otra mirada — Relecturas de la historia del arte
Obra de referencia: La joven de la perla (c. 1665), Johannes Vermeer
Presentada en: ArtStgo 26, Santiago de Chile, 2026

* Si solicita enmarcado, la obra puede demorar hasta 4 días hábiles.

Perla nace de volver a mirar una de las figuras femeninas más reconocibles de la historia del arte y preguntarme cuánto de lo que creemos ver en ella realmente le pertenece.

De la joven retratada por Vermeer sabemos muy poco. No conocemos su nombre, su historia ni qué pensaba mientras era observada. Ni siquiera estamos frente a un retrato en el sentido tradicional, sino ante una figura construida para ser mirada. Sin embargo, durante siglos hemos intentado imaginar quién era, qué sentía y qué podía esconder detrás de esa expresión suspendida. Quizás ahí comienza una reflexión que sigue siendo profundamente contemporánea.

La historia del arte está llena de mujeres que conocemos por sus rostros, sus cuerpos o por la manera en que fueron representadas, pero cuyas voces permanecen ausentes. Mujeres convertidas en musas, personajes, símbolos de belleza, maternidad, deseo, virtud o misterio. Las hemos observado durante siglos y, muchas veces, hemos confundido aquello que vemos con aquello que ellas son.

En mi reinterpretación quise sacar a esta joven del tiempo al que visualmente pertenece. Cambié su vestuario, mantuve su mirada y la situé junto a un gato blanco. No para imaginar cómo sería hoy la joven de Vermeer, sino para comprobar qué sucede cuando desaparecen algunos de los códigos que utilizamos para ubicarla.

La ropa cambia. La época cambia. Los objetos cambian. Ella sigue mirándonos. Y entonces aparece otra pregunta: ¿cuánto ha cambiado realmente nuestra manera de mirar a una mujer?

Seguimos interpretando rostros, construyendo historias y atribuyendo identidades a partir de una imagen. Seguimos intentando descifrar quién es una mujer por cómo se viste, cómo mira, cómo ocupa el espacio o qué decide mostrar de sí misma. Cambian los códigos, pero permanece nuestra necesidad de interpretar.

El gato blanco introduce otra presencia dentro de esa relación. A diferencia de la joven, no parece necesitar explicación. Está ahí simplemente existiendo, sin justificar su lugar ni devolvernos ninguna respuesta. Su presencia acompaña, pero también tensiona la escena: frente a una figura femenina sobre la que inevitablemente proyectamos significados, aparece un animal al que permitimos simplemente ser.

Perla propone devolverle algo de esa posibilidad a la mujer que observamos. No preguntarnos inmediatamente quién es, qué representa o qué historia deberíamos construir para ella. Tal vez permitirnos contemplarla sin terminar de definirla. Porque una mujer puede ser observada sin convertirse necesariamente en explicación, símbolo o relato. Puede existir más allá de nuestra mirada.

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