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Fernanda Geisse

Un Café Caliente

Un Café Caliente

Precio habitual $160.000 CLP
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2026
Versión I — Fine Art

Técnica: Ilustración digital
Impresión: Fine Art
Soporte: Papel Goldenjet Etching Rag 305 g | 100% algodón
Dimensiones: 40 x 30 | 20 x 15
Edición: Limitada, firmada y numerada
Incluye: Certificado de autenticidad
Serie:Rituales cotidianos
Presentada en: ArtStgo 26, Santiago de Chile, 2026

* Si solicita enmarcado, la obra puede demorar hasta 4 días hábiles.

Un café caliente habla de una pausa elegida. Una mujer permanece sumergida dentro de una taza de café. Simplemente está ahí, entregada al calor y al instante, como si durante unos minutos todo lo que existe fuera ese pequeño espacio que ha decidido habitar.

Me interesa la idea de estar sumergidos en algo sin que eso signifique desaparecer. Al contrario, estar tan presentes que por un momento dejamos fuera el ruido, las obligaciones y esa sensación permanente de que deberíamos estar haciendo otra cosa.

Hay rituales cotidianos que tienen esa capacidad. Preparar un café puede parecer un gesto insignificante dentro de un día. Lo hacemos casi automáticamente, calentamos el agua, elegimos una taza, esperamos, bebemos. Pero algunas veces ese gesto abre un espacio distinto. Nos sentamos. Sostenemos algo caliente entre las manos. Miramos por una ventana, conversamos con alguien o simplemente permanecemos en silencio.

Y el tiempo cambia. La mujer de Un café caliente lleva esa sensación al extremo. No sostiene la taza, habita su interior. Su cuerpo está sumergido en aquello que normalmente consumimos rápidamente y continuamos nuestro camino. Ella hace exactamente lo contrario. Se queda. Hay algo deliberado en ese gesto. Vivimos rodeados de discursos que nos empujan a aprovechar el tiempo, administrarlo, optimizarlo y convertirlo en resultados. Incluso descansar puede transformarse en una tarea más dentro de una lista. Frente a esa lógica, disfrutar de algo sin buscar que produzca ninguna consecuencia puede parecer un gesto pequeño, pero profundamente necesario.

La obra no propone escapar de la vida cotidiana, sino entrar más profundamente en ella. En ese sentido, el café funciona como un espacio íntimo. Puede contener silencio, pensamientos, conversaciones, cansancio, compañía o soledad. El ritual puede repetirse todos los días y, sin embargo, nunca es exactamente el mismo, porque tampoco somos los mismos cada vez que volvemos a él.

Por eso la mujer permanece sumergida. No está esperando que comience algo más importante. Ese momento ya es importante.

Un café caliente es una invitación a reconocer esos pequeños espacios que muchas veces atravesamos con prisa. A permitirnos disfrutarlos sin culpa, sin productividad y sin necesidad de convertirlos en otra cosa. Es algo necesario y tan sencillo como quedarse, unos minutos más, dentro de un café caliente.

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